Se les conoce por muchos nombres pero el propio nombre no cambia nada.

Son los que marcan un objetivo y aunque tengan que desviar la dirección o dar algún rodeo por el camino, acaban llegando. Son los que mantienen al equipo haciendo lo que tienen que hacer en un entorno seguro y aislados de las dificultades de la intemperie, mientras él/ella lucha por ir allanando el camino que en breve pisará el resto.

Son los que lideran en su rol y parcela de responsabilidad y dejan al resto de compañeros (su equipo) que lideren en la suya (como expertos que de ella que son).

Son “solucionadores” de problemas, los que al ver adversidades llegar, se levantan de su silla y se enfrentan de forma proactiva para evitar males mayores. Son los que cortan las divagaciones y definen acciones.

Son los que tienen la visión global de lo que gestionan, saben cómo encajan todas las piezas y, son conscientes de que lo que parece insignificante, debido al efecto mariposa, puede llegar a frustrar muchos planes.

Son los que disfrutan haciendo y viendo crecer personal y profesionalmente a la gente a su alrededor, porque saben que cada proyecto es una aventura temporal, con principio y fin, de la que les gusta salir y ver salir a todos los participantes renovados.

Son los que pase lo que pase están siempre ahí y dan la cara, sin escurrir el bulto o echar balones fuera.

Son los que han de ser capaces de hablar con el equipo técnico de las tareas concretas del proyecto, con los financieros de las cuentas, rentabilidades, márgenes, etc., con el departamento legal y de compras de los contratos de adquisiciones, con la dirección y el cliente de objetivos, planes y compromisos, y con cualquiera que pueda verse influenciado por el proyecto o que pueda influenciar en él, de cómo van las cosas para mantenerles tan informados como sea necesario y lograr su apoyo o minimizar el impacto de sus acciones u omisiones.

Son los que crean, gestionan y mantienen las relaciones y lo hacen, no para conseguir favores personales sino para lograr los objetivos comunes marcados.

Son los que actúan como bisagra, haciendo trabajar partes inicialmente inconexas e independientes, y consiguen hacer fácil lo que parecía imposible.

Y todo ello, llevando bajo el brazo el código de ética profesional al que son fieles (el que equivaldría al código deontológico de los médicos).

Son los project managers, los directores de proyecto, los coordinadores de proyecto, los jefes de proyecto, etc. Cada uno lo llama a su manera y parecen no ponerse de acuerdo en qué nombre es el más acertado…

Independientemente del nombre, lo que sí está claro es que lo que necesita cualquier empresa son personas con las características, aptitudes y actitudes que caracterizan a las personas que acaban dedicándose con éxito y reconocimiento a la dirección de proyectos.

En éste grupo, no incluyo a aquellos que han sido promocionados a project managers como incentivo de motivación sin que ni el promocionado ni su promotor sepan lo que significa y conlleva el puesto. Práctica lamentablemente cada vez más común en esta profesión que parece estar de moda.

Tampoco incluyo a aquellos que sufrieron el efecto halo y fueron nombrados directores de proyecto por el simple hecho de que fueran muy buenos técnicos y grandes expertos pero sin que tuvieran ni una sola habilidad de gestión que les ayudara en su nuevo rol.

Y por supuesto, tampoco incluyo a los project managers que lo fueron por tiempo limitado ya que, o ellos o la gente a su alrededor, pronto se dieron cuenta que no daban la talla.

He conocido a project managers que no se presentaban a las reuniones de seguimiento de sus propios proyectos y en las que el propio equipo debía organizarse y tomar decisiones por su cuenta y riesgo. Project managers que estaban ilocalizables el día que había que dar la orden de lanzar la producción o retrasarla. Project managers más preocupados por conseguir el siguiente proyecto con mayor sueldo y mayor reconocimiento que por cerrar el actual con éxito. He conocido a estos project managers y les he visto dimitir o ser invitados a abandonar el cargo.

Por eso, quizá la descripción de project manager con la que he comenzado el artículo puede parecer algo romántica, ideal o exagerada (sobre todo por la imagen elegida ;), pero estoy segura de que si encuentras un project manager con más de 10 años de experiencia en la profesión, con un listado bajo el brazo de proyectos dirigidos con éxito y con compañeros (miembros de su equipo, otros project managers, o superiores) que avalen su trabajo como project manager, en pocos casos me equivocaré cuando diga que estarás frente a alguien que cumplirá la descripción dada arriba. Alguien que tiene lo que, para mí, un project manager tiene que tener.

  • Visión global
  • Conocimiento Generalista
  • Dotes de organización (qué, quién, cuándo)
  • Honestidad
  • Proactividad
  • Responsabilidad
  • Don de gentes
  • Liderazgo
  • Sin miedo al cambio
  • y buen gestor de personas

Si eres uno de ellos, enhorabuena, eres un diamante para tu organización. Si estás en el camino de serlo, suerte en esta gran profesión llena de retos. Si eres miembro del equipo de uno de estos project managers o tienes a alguno dirigiendo proyectos en tu organización, estoy segura que serás de los que aclamarás: “¡NO sin mi project manager!”.

Puede que esté habiendo cierta moda con el título, puesto o rol de Project Manager, pero independientemente del nombre, existe y existirá siempre una necesidad fuera de cualquier moda de personas con las habilidades y técnicas, propias de los buenos Project Managers.

Este post ha sido escrito como parte de la iniciativa #PMIdeas “Gestión de proyectos, ¿moda o necesidad?”. En este link puedes descargar el e-book gratuito con los artículos escritos por los 25 project managers que participamos en esta publicación.

 

Fuente de la imagen: fondos-gratis.es