En estas fechas son muchos los que echan la vista atrás y se dan cuenta que no están contentos ni profesional ni económicamente con su vida. A muchos les encantaría trabajar en algo que les llene, a otros les gustaría encontrar otro trabajo en el que pudieran ganar más dinero o simplemente encontrar un trabajo,… La inmensa mayoría ansía la libertad financiera.

Hace año y medio descubrí un libro mágico que hablaba clara y llanamente de este tema: Cómo lograr la libertad financiera. Me lo habían recomendado y sin muchas esperanzas puestas en él, me lo llevé a un largo viaje en avión de Madrid a Bogotá. Cuál fue mi sorpresa que mientras todos dormían en el avión, yo no pude despegar mis narices de “El código del dinero” de Raimon Samsó.

En este post hablo de lo que yo considero la mayor aportación de este libro a la gente que desea progresar personal y profesionalmente en la vida. El camino que marca hacia la libertad financiera es excitante a la vez que vertiginoso. Yo misma me encuentro inmersa en este viaje, y sin duda, merece la pena.

Para empezar, dejemos claro qué es la libertad financiera. La libertad financiera es no preocuparse de donde va a salir mi próximo euro ni de seguir dependiendo de vender mi tiempo en un puesto de trabajo.

De cara a encontrar la libertad financiera debemos tener claro que existen dos tipos de ingresos: Ingresos Activos e Ingresos Pasivos.

  • Los Ingresos Activos hay que estar allí para generlos. Se consiguen cuando vendes tus horas, tu tiempo.
  • Los Ingresos Pasivos se generan no del trabajo directo que tú haces, sino de una fuente de ingresos de un negocio propio. Tener este negocio propio requiere de un trabajo al principio para lanzarlo pero luego ese negocio está trabajando para ti (dedicándole, obviamente, ciertas dosis de cariño, pero no el 100% de tu tiempo).

Depende del rol que estés jugando actualmente, tendrás un tipo de ingreso u otro. Existen 3 roles que además están muy asociados con la mentalidad, valores y actitudes de quienes los ostentan, con respecto al modo de generar ingresos. Estos roles NO son excluyentes sino que pueden compaginarse.

  1. Empleado o asalariado
  2. Autoempleado o autónomo
  3. Emprendedor o empresario

El empleado o asalariado vende su tiempo a una empresa a cambio de una nómina. Ningún empleo puede hacerte rico ni libre. De ahí la popular frase española “Nadie se hace rico trabajando”. Dado que el tiempo del empleado es limitado, la capacidad de aumentar los ingresos es igualmente limitada. Tener un empleo es bueno para ganar experiencia, hacer contactos y empezar. Pero hay roles mejores…

El autoempleado o autónomo no depende de nadie más que de sí mismo, pero ese afán de independencia puede convertirle en esclavo de su propio negocio. Si el autoempleado deja de trabajar, deja de ingresar. Si tuviera un negocio propio, eso no ocurriría… Los autoempleados deberían tener claro que este rol es un paso intermedio y provisional hacia el tercer rol.

Un autónomo debería trabajar desde el primer día para dejar de serlo. Debería trabajar desde el primer día para crear un sistema que le libere de trabajar en su propio negocio. En la mayoría de los casos esto no sucede y los autonómos acaban siendo víctimas de un exceso de trabajo que les agota. El mayor riesgo de un autónomo es seguir pensando como un empleado, ejecutando tareas y vendiendo su tiempo a un tercero, y no pensar como un emprendedor y crear proyectos y productos asombrosos.

El emprendedor o empresario es el único que podrá lograr la libertad financiera. Personas en este rol, crean negocios, productos o sistemas que son capaces de proporcionar libertad y de generar ingresos pasivos que no requieren de su presencia a tiempo completo para funcionar y generar ingresos.

Para ser libre y rico es necesario crear un sistema de ingresos variables múltiples: activos y pasivos. De esta forma, si una fuente de ingresos se seca, tienes otras que siguen funcionando.

Cambiar de trabajo no cambia tu economía, cambiar de rol sí. Obviamente el éxito no está garantizado en ninguno de los roles, y es posible triunfar o fracasar en cualquiera de ellos.

Para saltar a los nuevos roles, lo primero que tenemos que hacer es contactar con nuestro talento. ¿Qué podemos ofrecer a otros que ellos aprecien? ¿Qué cualidad o habilidad tengo (o puedo desarrollar) que puedo ofrecer a otros como un servicio por el que me paguen?

El rol de autoempleado o autónomo está cobrando una gran relevancia en estos tiempos en los que muchos no encuentran trabajo porque el mercado no se lo puede dar. En esos casos más que nunca, tendremos que inventarnos nuestro propio puesto de trabajo.

Estamos en la era de la información, del conocimiento, de la globalización y de Internet. Ya no es imprescindible tener un padrino o un gran crédito detrás para lanzar una nueva idea de negocio. En este “nuevo orden”, a las personas con conocimiento, talento y constancia les irá bien. En este momento se aplica una ley muy clara: para ganar más, hay que aprender más.

Algo a tener muy en cuenta, es que cada rol lleva consigo mentalidades, valores, y objetivos diferentes. El empleado busca mejores trabajos y seguridad, el autónomo busca independencia, y el emprendedor busca oportunidades. Por lo tanto, evolucionar de un rol a otro, no es solo un cambio laboral. Es un cambio de vida.

¿Estás preparado para el cambio? Si lo estás, éste puede ser tu año.